Hace un par de semanas El País adjuntó un cuadernillo sobre publicidad. Esta semana eché un vistazo, todavía me queda por leer, pero anoto ya una reflexión de Oliverio Toscani:
Me gusta la prensa. Y más que nada me gustan los carteles. Me fascina lo que se puede fijar en la calle. Lo considero la manera más eficaz. Lo de colgar anuncios a lo largo de la calle es la manera más primaria y natural de comunicar. Así es como nació la comunicación pública: en las paredes, es espacios accesibles para todos [...] un cartel te sorprende donde no te lo esperas. Si enciendes la televisión sabes que te agredirán decenas de anuncios y entonces te preparas, te pones a la defensiva, te inmunizas [...] un cartel por la calle, mientras estás centrado en otra cosa, interrumpe el círculo de tus pensamientos y penetra en tu mente. Te sacude y te despierta preguntas o curiosidad.
También lo sospecho, la influencia del cartel. Sí, la tele es más poderosa, y los carteles pueden verse como parte de la contaminación (él mismo habla de interrumpir), pero su sentido es mayor, están más integrados. Cuando caminas, paseas con alguien, recorres un trayecto o te detienes, fijarte en un cartel o en una cara, en el coche que cruza, en aquella puerta, es parte de la acción, vas mirando. Cuando estás pendiente de una película, la publicidad es insoportable.
Otro debate es Toscani.
