Así se despidió Eduardo Mendoza hace dos semanas en su columna de El País. Por contrato supongo que no podía faltar su texto ningún lunes, pero, como actitud, no utilizar el fútbol como metáfora de la vida sí me parece destacable. Sobre todo para un columnista. Ni fútbol, ni guerra, ni mar. Ningún síntoma de pereza en 1840 caracteres. Y en cuanto vean una anáfora escriban una carta al director.